Radiaciones  de  origen  natural

 

 

La radiación de origen natural puede ser cósmica (producida en el espacio exterior) o terrestre (producida en la Tierra) la cual puede deberse a diversos fenómenos como la Radiactividad y la Radiación Térmica.

 

 

 

R a d i a c t i v i d a d :

 

Este tipo de radiación se produce por la inestabilidad intrínseca de una serie de átomos presentes en la naturaleza.

Los átomos se comportan como sistemas solares en miniatura en los que el pequeño núcleo (‘el Sol’) está rodeado por las órbitas de ‘planetas’ llamados electrones.
El núcleo supone tan sólo la milésima parte del tamaño del átomo, pero es tan denso que contiene casi toda su masa; está formado por un conglomerado de partículas que se adhieren estrechamente unas a otras. Algunas de estas partículas tienen una carga eléctrica positiva y se llaman protones.

El número de protones de un átomo determina el elemento al que pertenece.

Átomo de hidrógeno:    1  protón
Átomo de oxígeno:     8  protones
Átomo de uranio:      92  protones

Cada átomo tiene el mismo número de electrones en órbita que de protones en el núcleo; los electrones están cargados negativamente y por ello se contrarrestan con los protones, cargados positivamente.
El resto de las partículas del conglomerado del núcleo se denominan neutrones y no tienen carga eléctrica.

Los átomos del mismo elemento tienen siempre el mismo número de protones en sus núcleos, pero pueden tener diferente número de neutrones.
Aquellos que tienen diferente número de neutrones, pero el mismo número de protones, pertenecen a diferentes variedades del mismo elemento y se denominan ‘isótopos’.
Se distinguen sumando el número total de partículas de sus núcleos. Así, el uranio-238 tiene 92 protones, y 146 neutrones; el uranio-235 tiene los mismos 92 protones pero 143 neutrones. Los átomos así caracterizados se denominan ‘nucleidos’. La mayoría de estos nucleidos son inestables y esto lleva a transformarse unos en otros.
Así, por ejemplo, las partículas del núcleo del átomo de uranio-238 apenas son capaces de mantenerse juntas; de repente, al azar, un bloque de dos protones y dos neutrones se desprende y cuando eso se produce, el uranio-238 se convierte en torio-234 (con 90 protones y 144 neutrones).

 

Pero el torio-234 es también inestable, y tiende a transformarse, aunque siguiendo un proceso diferente; uno de sus neutrones se vuelve protón, naciendo el protactinio-234, con 91 protones y 143 neutrones. Cuando el protón se transforma, uno de los electrones orbitales pierde a su socio y se fuga. El protactinio es extremadamente inestable y cambia su forma sin perder el tiempo, y así, una conversión tras otra, el átomo va transformándose y difundiendo partículas hasta acabar siendo plomo estable.

Existen múltiples secuencias de transformación o ‘desintegración’ como la anterior, con una gran variedad de esquemas y combinaciones.

Cada cambio produce una liberación de energía, que se emite como radiación.

Hablando con escaso rigor, la emisión de dos protones y dos neutrones, a partir el del uranio-238, es radiación ‘alfa’; la emisión de un electrón, a partir el del torio-234, es radiación ‘beta’.
Frecuentemente, el nucleido inestable queda en un estado excitado y la emisión de partículas no será suficiente para desexcitarlo, dando entonces lugar a una explosión de energía pura denominada radiación ‘gamma’.

El proceso de transformación completo se llama ‘radiactividad’, y los nucleidos inestables se denominan ‘radionucleidos’. Pero aunque todos los radionucleidos son inestables, algunos lo son más que otros. La mitad de una cantidad de protactinio-234, por ejemplo, se transforma con gran rapidez (en poco más de un minuto), mientras el uranio-238 lo hace con extrema lentitud (tarda cuatro mil quinientos millones de años en convertirse en torio-234).

El intervalo de tiempo necesario para que una determinada cantidad de un elemento se reduzca a la mitad por desintegración, se denomina ‘período de semidesintegración’, y es un proceso que se sucede sin interrupción. Después de un período de semidesintegración, el 50% de los átomos permanecerán invariables, durante el segundo período, el 25% de éstos se desintegrará, y así sucesivamente en una secuencia exponencial.

El número de transformaciones que tienen lugar cada segundo en una cantidad dada de material radiactivo se conoce como ‘actividad’. La actividad se mide en unidades llamadas becquerelios, en honor al descubridor de este fenómeno. Cada becquerelio equivale a una transformación por segundo.

 

Las diversas formas de radiación son emitidas con energía y poder de penetración diferentes y, por tanto, producen efectos diferentes sobre los seres vivos.

La radiación alfa, con su pesada carga de neutrones y protones, se detiene, por ejemplo, ante una hoja de papel, y apenas puede penetrar las capas exteriores de células muertas de la piel. Por ello no es peligrosa a menos que las sustancias que la emiten se introduzcan en el cuerpo a través de una herida abierta, o sean ingeridas o inhaladas, siendo entonces especialmente peligrosas.

La radiación beta es más penetrante, y atraviesa uno o dos centímetros en los tejidos vivos.

La radiación gamma es muy penetrante, y atraviesa todo lo que no sea un grueso bloque de plomo u hormigón.

La energía de la radiación es la que produce 'el daño', y la cantidad de ésta que se absorbe por el tejido vivo se denomina 'dosis'.

 

 

R a d i a c i ó n   T é r m i c a :

 

Todo cuerpo con temperatura superior al «Cero Absoluto» (0° Kelvin / -273,15° Centígrados) emite radiaciones electromagnéticas.

La radiación térmica se produce cuando el calor del movimiento de partículas cargadas dentro de los átomos se convierte en radiación electromagnética.

La intensidad de la radiación térmica depende de la temperatura y de la longitud de onda considerada.

La radiación natural térmica más conocida es la radiación solar, que emite ondas electromagnéticas en los rangos infrarrojos, ultravioleta y luz visible.

 

La radiación mata. En grandes dosis causa daños a los tejidos y, a niveles reducidos, puede originar cáncer e inducir efectos genéticos que se transmitan a los descendientes de las personas irradiadas.

Las fuentes naturales de radiación son las que aportan la mayor parte de la exposición a la que estamos sometidos.

 

 

 

j o a n    a r b o l e d a s

geobiólogo, ingeniero de edificación y arquitecto técnico

617222739  ·  lamartinablanca@gmail.com