Radiaciones  de  origen  artificial

 

 

El uso de la radiación electromagnética creada de forma artificial tiene finalidades industriales, científicas, médicas o domésticas, entre otras, además de todas las aplicaciones relacionadas con las telecomunicaciones, en las que la finalidad principal es la transmisión de información a través de las ondas electromagnéticas.

Entre las aplicaciones industriales se pueden encontrar operaciones de soldadura, recocido, temple, secado de metales pintados, reblandecimiento de plásticos, etc.

Entre las aplicaciones científicas se encuentran, por ejemplo, diversos procesos bioquímicos.

Las aplicaciones médicas se basan en su mayoría en las propiedades de la radiación electromagnética para penetrar cuerpos y materiales. Existen así técnicas de radiodiagnóstico, como las radiografías o los TAC. Otra aplicación médica de la radiación electromagnética es el uso de láseres para cirugía.

Las aplicaciones domésticas se basan, en su mayoría, en las propiedades de transferencia de calor de las ondas electromagnéticas, utilizadas en cocina. Los hornos microondas, por ejemplo, disponen de un magnetrón que emite ondas electromagnéticas a una frecuencia de 2,45 GHz, con lo cual se consigue calentar alimentos y bebidas.

 

L a s    T e l e c o m u n i c a c i o n e s

 

La producción artificial de radiaciones con el objetivo de la telecomunicación se lleva a cabo mediante antenas, que son dispositivos diseñados para emitir o recibir ondas electromagnéticas hacia el espacio libre. Una antena transmisora transforma voltajes en ondas electromagnéticas, mientras que una antena receptora realiza la función inversa.

La radiación electromagnética es consecuencia de la variación periódica de los campos eléctrico y magnético.

Un campo es una región del espacio en la que la materia está sometida a algún tipo de fuerza. En el caso de la radiación electromagnética, los campos son producidos por las partículas cargadas en movimiento.
Estas partículas cargadas en movimiento generan una corriente eléctrica. Si esta corriente es constante, se genera un campo magnético uniforme, con lo que no se obtiene radiación electromagnética (los campos eléctrico y magnético deben ser variables en el tiempo). Así, para que el campo magnético sea variable, el campo eléctrico debe ser también variable con el tiempo, es decir, la velocidad de los electrones debe variar.

 

Este es el motivo por el que las ondas electromagnéticas no necesitan un medio para propagarse y, por tanto, pueden propagarse en el vacío: un campo eléctrico variable genera un campo magnético variable (y, en consecuencia, radiación electromagnética), y un campo magnético variable genera un campo eléctrico variable, por lo que ambos campos se alimentan mutuamente y permiten la propagación de la onda sin necesidad de perturbación en el medio. Esta aceleración de electrones (velocidad variable) no se produce en corriente continua, pero sí, por ejemplo, en corriente alterna. 

Así, para conseguir radiación artificial, cuando se conecta un oscilador (fuente de corriente alterna) a un elemento conductor (antena), se genera un campo eléctrico variable (que da lugar a un campo magnético variable), produciéndose la emisión de ondas electromagnéticas, mediante un desprendimiento de energía en forma de radiación electromagnética.

Controlando las características (frecuencia/longitud de onda, energía, potencia) de las ondas electromagnéticas así generadas, y teniendo en cuenta además las características del medio de transmisión por el que son emitidas, es posible utilizar estas ondas como señales portadoras de información, dando lugar a la radiocomunicación.

 

 

 

j o a n    a r b o l e d a s

geobiólogo, ingeniero de edificación y arquitecto técnico

617222739  ·  lamartinablanca@gmail.com